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Historia de Nuestro Colegio Panamericano

Hace más de 12 años un grupo de profesionales Colombianos de la salud en diferentes disciplinas constituyeron e iniciaron el Colegio Panamericano del Endotelio con el afán de conocer la nueva frontera que conducirá a la medicina del futuro. Fue su iniciador y primer Presidente el Dr. Enrique Melgarejo en unión de un grupo selecto de profesionales como fundadores, los Doctores: Hernando Del Portillo, Gustavo Barrios, Jenny Susana Vargas, Roberto D´achiardi, Pablo Aschner, Magali de Acevedo, Hernando Matiz, Alvaro Camacho, Alfonso Jauregui, Ricardo Di Doménico, Daniel Charria, Gabriel Robledo, Carlos Sánchez, Diego Roselli, Dora Inés Molina, Adolfo Vera. A este grupo se fueron vinculando diferentes profesionales de la salud, Médicos de diferentes especialidades, odontólogos, etc, constituyendo actualmente un grupo de cerca de 200 miembros interesados todos y vinculados de alguna manera con el Endotelio. 

Gracias al apoyo de diferentes sociedades científicas (Sociedad Colombiana de Cardiología, Asociación Colombiana de Medicina Interna, Sociedad Colombiana de Nefrología), al gran interés que ha suscitado el tema dentro de la comunidad médica y de las diferentes áreas de la salud, y al apoyo de la Industria Farmacéutica se han realizado cursos, simposios y talleres a nivel Nacional e Internacional. 

Siendo Colombia la cuna del Colegio Panamericano de Endotelio, se han abierto  capítulos en varios países como: Venezuela, Ecuador, Brasil, Méjico, Argentina, Perú etc. 

Ahora en el siglo XXI, queremos dar comienzo al nuevo milenio con una gran apertura a todas las áreas de la salud, y una invitación a unirnos en el fascinante estudio del “endotelio”.

El endotelio: un “nuevo” macro y microórgano, inteligente, ubicuo y  sin fronteras.

Con el final del anterior  milenio se cumplieron justo 20 años desde que el endotelio fue redescubierto accidentalmente.

Este “nuevo” órgano, ubicuo, omnímodo, omnipotente, con funciones disímiles e “inteligente” ha logrado  que la investigación en ciencias básicas y clínicas, se haya desbordado en este lapso y ha permitido, también, desentrañar a nivel de medicina molecular,  conocimientos biológicos, fisiopatológicos, farmacológicos, de biología comparativa, reproductiva,  etc.

Es así como un simple, antiguo y ontogénico gas producido primordialmente en el endotelio, el Óxido Nítrico (NO) el cual es paradójicamente una especie reactiva de oxígeno o radical libre, es un modulador, un director, un protagonista y también un antagonista del sistema cardiovascular; constituye el sistema nervioso NANC (no adrenérgico, no colinérgico hoy día definido como nitrérgico).  Es, además, un mediador del dolor, de la inflamación y primordialmente, un preservador de la especie, ya que el NO se involucra en el proceso de la erección facilitando el inicio de la vida. Acto seguido, otro endotelio especializado en la mujer -el endometrio- facilita la anidación y el desarrollo del embrión, la vasculogéneis y en general, la configuración del conglomerado misterioso y casi milagroso de cada ser humano. Es así como este endotelio es el responsable directo de la finitud del individuo mediante un proceso apoptótico cumpliendo el mandato de la temporariedad del hombre, involucrándose en las patologías más homicidas tales como la aterosclerosis, la sepsis y el cáncer. El endotelio guarda el secreto de la vida en la especie y el mandato de la muerte en la persona.

La integridad endotelial es sinónimo de salud, pero cuando disfunciona precozmente ante la agresión por los conocidos factores de riesgo, se convierte en cómplice o culpable de las múltiples patologías que llevan inesperadamente a la muerte.

Como órgano ubicuo tiende a responder “in toto”, es así como el enfermo diabético muere por complicaciones cardiovasculares (micro y macroangiopáticas), por disfunción endotelial secundaria al proceso de glicación y doble estado de oxidación inducidos por la hiperglicemia. Igualmente, la hipertensión arterial, la dislipidemia, el tabaquismo, entre otros, alteran negativamente esa propiedad de “portero” que posee el endotelio dejando de ser una barrera biológicamente dinámica y selectiva para convertirse en un portero permisivo, dejando pasar de esta manera macromoléculas y células al espacio subendotelial (monocitos del torrente circulatorio y células del músculo liso a partir de la capa media). Activa y expresa  moléculas de adhesión y proteínas quimotácticas y convierte este territorio en un medio eminentemente oxidativo, adherente, protrombótico y mitogénico. Finalmente puede  activar proto-oncogenes cambiando  el fenotipo de la célula endotelial.

En gran parte estas acciones totipotenciales son debidas  a su localización ya que  el endotelio está estratégicamente ubicado entre la sangre y los tejidos, o lo que es lo mismo, entre el medio externo y el interno,  entre un submundo hipertónico e hipotónico y entre un  ambiente de grandes diferencias eléctricas y de potenciales de acción. 

El endotelio es, además, una verdadera fábrica metabólica que permanentemente está produciendo (en forma endocrina, paracrina y autocrina) múltiples moléculas, unas que trabajan sinergísticamente tales como el NO, la prostaciclina y el factor hiperpolarizante derivado del endotelio y otras antagónicas: la endotelina (el vasoconstrictor más potente hasta la fecha conocido), la  angiotensina II a través de la ECA tisular, las prostaglandinas,  el tromboxano A2, las citokinas, etc. Del balance en la producción de estas  moléculas resulta el tono vascular y el estado de quiescencia; su desbalance genera caos y  enfermedad.

Uno  de los campos más interesantes es el del estrés oxidativo mediado  u ocasionado por disfunción endotelial. La aterosclerosis, la sepsis, los eventos isquémicos agudos (manifestados en forma de muerte súbita, infarto o angina inestable), la enfermedad de Alzheimer, la eclampsia, el cáncer, se desarrollan en un medio con gran producción o acumulación de radicales libres, bien sea como causa o como epifenómeno. Lamentablemente estamos aún lejos de dilucidar la importancia de los antioxidantes a este respecto, ya que como es sabido, casi la totalidad de los estudios de intervención farmacológica son auspiciados por la industria farmacéuticas y no existe interés en elaborar un megaestudio controlado doble o triple ciego, aleatorizado y a largo plazo para evidenciar los potenciales efectos benéficos de los diferentes antioxidantes (la mayoría naturales y baratos).

De todas maneras, el endotelio nos ha enseñado que la biología molecular en gran proporción confluye y reverbera en esa capa delgada vascular que hasta hace poco se pensaba que sólo “tapizaba las arterias”.

Muy seguramente durante este nuevo siglo y ciertamente, durante este nuevo milenio, aprenderemos más del endotelio y por ende de la salud y de la enfermedad, de la vida y de la muerte, del dolor, y por qué no, de la esperanza..., aplicando la ciencia en su dimensión perfecta la cual debe ser el bienestar de los hombres con el fin de tratar de mejorarle sus pasos sobre la Tierra.

 

Enrique Melgarejo R.,MD

Cardiólogo-Internista-Electrofisiólogo

Bogotá- Colombia

Ex Presidente Colegio Panamericano del Endotelio.