Últimas Noticias

“El próximo gran avance contra el cáncer vendrá de la ciencia básica”

Post on 15 Diciembre 2014

Joseph Schlessinger nació 12 días antes de la capitulación nazi. Sus padres eran partisanos judíos que combatían en Croacia durante la última ofensiva alemana. En aquellos días, a su padre le ordenaron proteger a cualquier precio la vida del hijo de Winston Churchill, Randolph, que estaba en la zona en misión diplomática. El 26 de marzo de 1945, en Topusko, cerca de Zagreb, Rifka Schlessinger se refugió en una casa derruida para dar a luz mientras las bombas seguían cayendo fuera. Un médico ruso que se había unido a los partisanos asistió en el parto, que fue un éxito. Los primeros pañales de Schlessinger fueron un trozo de paracaídas británico. “Mi madre los guardó y puedo decirte que no era un material muy absorbente”, bromeaba hace unos días en Madrid, donde acudió para recibir el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Biomedicina junto a Tony Hunter y Charles Sawyers.

Schlessinger tiene doble nacionalidad estadounidense e israelí, el país al que emigraron sus padres tras un periplo horrendo. “El 85% de mi familia fueron asesinados por ser judíos”, asegura Schlessinger. Trasladado a EE UU en la década de 1980, actualmente dirige el Departamento de Farmacología de la Universidad de Yale (EE UU).

Su principal contribución ha sido desarrollar varios medicamentos contra el cáncer inspirados en las instrucciones bioquímicas que las células sanas reciben de su entorno para crecer y multiplicarse. Este biofísico fue uno de los primeros en entender que el cáncer modifica esas instrucciones. Algunos de los cambios consisten en mutaciones en unas proteínas llamadas tirosinas quinasas. Una vez dentro de la célula, las mutaciones desencadenan un proceso desaforado de división y proliferación que acaba generando un tumor.

Sus padres eran partisanos y sus primeros pañales fueron un trozo de paracaídas británico

A principios de la década pasada, de forma independiente, Charles Sawyers y Joseph Schlessinger desarrollaron una nueva generación de fármacos “personalizados” según el perfil genético del paciente y que atacan solo a las células que tienen esas mutaciones. En la actualidad, hay decenas de medicamentos similares que se usan contra la leucemia crónica, el cáncer de pulmón, el melanoma y los linfomas, reduciendo los efectos secundarios de la quimioterapia convencional. Nada de esto se habría conseguido, advierte Schlessinger, si alguien hubiese recortado los presupuestos de investigación en ciencia básica hace 10 o 15 años.

Pregunta. ¿Por qué decidió hacerse científico?

Respuesta. Creo que se debe a mis profesores. Cuando estaba en el instituto en Israel tuve muy buenos profesores de matemáticas, química y física. Estábamos en medio de la era atómica y yo quería hacerme físico nuclear. Leía libros de física y estaba muy formado para mi edad. En esa época, debido a la historia de mi familia, me di cuenta de que mi destino estaba en mis manos. Tenía que ser independiente, y eso me hizo fuerte de alguna forma.

P. ¿Cuál ha sido el resultado práctico de la investigación básica que mencionaba antes?

R. La primera empresa que fundé era Sugen. De ahí han salido dos medicamentos aprobados por la FDA [la agencia del medicamento de EE UU]. El primero era Sutent, para tratar tres tipos de cáncer. El segundo es crizotinib y era especialmente adecuado para quinasas que se expresan en el cáncer de pulmón. Después fundé otra empresa, Plexxikon, que desarrolló un medicamento para melanoma y que sirve para tratar al 50% de pacientes, en concreto los que tienen una mutación en la quinasa BRAF.

Las farmacéuticas están ganando demasiado dinero

P. ¿Qué opina de otros nuevos tratamientos contra el cáncer que están surgiendo, como la inmunoterapia?

R. La inmunoterapia está en un punto de desarrollo temprano. Algunos elementos no están claros aún, como por ejemplo qué pacientes responden y cuáles no. En la mayoría de los casos no sabemos por qué algunos tipos de cáncer no responden nada, ni tampoco por qué sólo funciona en el 20% de los pacientes. Parece que cuantas más mutaciones tenga el paciente, mejor responde. Otro problema es su toxicidad, que a veces es igual que la de la quimioterapia convencional. Lo que es muy importante es que se desarrollen terapias combinadas. Ahora mismo solo estamos rascando la superficie de los mecanismos de control de las células del sistema inmune [la base de estas terapias]. Creo que la inmunoterapia se desarrollará de una forma extraordinaria y que podremos combinarla con otros fármacos como los basados en receptores de tirosinas quinasas.

P. ¿Qué le diría a políticos que recortan los presupuestos de ciencia, por ejemplo el Gobierno español?

R. Deberíamos gastar todo el dinero que podamos en investigación básica si queremos encontrar nuevas formas inesperadas de tratar el cáncer. Por supuesto sin ignorar la traslación para llevar las innovaciones a la clínica. Se trata de un esfuerzo internacional, no se pueden desarrollar todas las curas en España. El triunfo de la ciencia en EE UU se debe sobre todo a que es un esfuerzo internacional. Yo no nací en EE UU, Tony [Hunter] tampoco, pero trabajamos allí porque es el ambiente perfecto. Mientras Europa y España no empiecen a reclutar gente independientemente de su nacionalidad no van a florecer.

P. Hay gente que critica que son los Gobiernos los que financian la investigación básica y que luego las farmacéuticas ponen precios excesivos a los fármacos que se basan en ella

R. No. Al final todos nos beneficiamos. No se pueden desarrollar nuevos medicamentos solo desde el Gobierno. Necesitas compañías privadas. Lo que hay que hacer es regularlas y no dejarlas hacer todo lo que quieren. Yo estoy muy involucrado en la empresa Gilead. Ellos cobran precios muy diferentes a los países occidentales y luego dan medicamentos contra el VIH o la hepatitis C a precio de coste a países en desarrollo.

P. ¿Por qué cree que las farmacéuticas tienen tan mala fama?

Muchos de los tumores se convertirán en enfermedades crónicas

R. Es un problema complicado. La mayoría de la innovación viene de pequeñas empresas biotecnológicas. Y estas se financian con inversores privados y Wall Street. Sin ellas no habría fármacos. No hay que pasarse con las regulaciones. Sí creo que las farmacéuticas están haciendo demasiado dinero y habría que encontrar un acuerdo común para que puedan seguir produciendo fármacos.

P. ¿Qué opina de la polémica por las declaraciones del Nobel Tim Hunt?

R. Creo que solo intentó ser divertido y la cosa se descontroló, es una locura. Lo que sé de Tim Hunt es que hace todo lo posible para promover a las mujeres en ciencia. El problema no es ese, sino la corrección política y la histeria en masa. Es como un tsunami. Hubo muchas mujeres diciendo que todo aquello era un sinsentido y nadie las escuchó. Él es simplemente un científico serio que hizo un chiste que se sacó de contexto. Hay demasiada corrección política y parece que la gente se ha olvidado de cuál es la diferencia entre un chiste y un comentario serio. Todo el mundo que conoce a Tim Hunt sabe que este es el caso.

P. ¿Cómo cree que serán los tratamientos del cáncer en el futuro próximo?

R. Muchos de los tumores se van a convertir en enfermedades crónicas. Y el mismo principio que nos permitirá hacer eso también hará posible atacar los tumores que hoy no tienen tratamiento. Las terapias de combinación serán importantes, el único límite será su toxicidad. Lo que realmente querría enfatizar, y es algo que su propio Gobierno en España debería saber, es que el próximo gran avance va a venir de la ciencia básica. Si cortas la generación de científicos básicos, y esto es algo que en cierta manera ya está sucediendo en EE UU, cortarás toda la cadena de desarrollo. La traslación se sustenta en los descubrimientos de la ciencia básica y ahora nos estamos beneficiando en la gran inversión que hubo en investigación biomédica para desarrollar la biología molecular y que a cada uno de nosotros nos permitió dejarnos guiar por nuestra propia curiosidad. Nosotros somos ejemplos de personas que solo seguimos nuestra curiosidad.